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Diamantes

¿Qué son las 4C’s?

Las 4C’s son las cuatro cualidades que definen el valor de un diamante. Su nombre proviene del inglés y hace referencia a: Cut (corte), Color, Clarity (pureza) y Carat Weight (quilates).

En los inicios de la historia comercial de los diamantes, no existía una manera formal de categorizarlos. Se usaban términos como:

  • “Agua o río” cuando se quería decir que el diamante era incoloro o “Cape” cuando tenían tonalidades amarillentas; asociado dicho término con la región Cape of Good Hope de Sur África.
  • “Sin defectos o sin imperfecciones” cuando se quería mencionar que un diamante poseía una buena pureza.
  • “Bien hecho o mal hecho” cuando se referían a la calidad de la talla.

No fue hasta principios de 1940’s cuando el instituto GIA creó la definición de las 4C’s para poder comunicar mejor, tanto a los clientes como los aprendices del rubro, las clasificaciones a considerar más importantes de un diamante.

En Damián Colombo creemos que conocer la historia detrás de tu diamante hace que su valor sea aún más especial.

CUT (Corte):

El corte evalúa qué tan bien está tallado un diamante y cómo se respetan sus proporciones. Cuando el corte es de alta calidad, la luz ingresa, se refleja y regresa a los ojos con mayor intensidad, generando ese brillo único.

Esto ocurre porque existe una proporción ideal: si la piedra se talla correctamente, la luz se comporta de manera perfecta dentro de ella.

El corte es la única cualidad de las 4C’s que no depende de la naturaleza, sino del trabajo del artesano. Antes de transformar un diamante en bruto —sin tallar ni pulir—, el especialista debe decidir qué aspecto priorizar: el brillo del corte, la intensidad del color, el peso en quilates o la pureza de la piedra.

Cada decisión impacta en las demás características. Por eso, la forma en que se talla un diamante define su equilibrio final, su belleza y su valor.

Su escala:

Cuenta con las siguientes clasificaciones: Excellent (excelente), Very Good (Muy bueno), Good (bueno), Fair (justo) y Poor (pobre).

COLOR:

Antes de que existiera una escala universal para medir el color de los diamantes, cada comerciante utilizaba su propio sistema. Algunos los clasificaban como A, AA o AAA; otros empleaban números arábigos (0, 1, 2, 3) o números romanos (I, II, III). Además de no estar unificados a nivel internacional, estos métodos eran imprecisos.

En 1953, GIA (Gemological Institute of America) creó la escala de color que se utiliza hoy en día en todo el mundo. Un sistema claro y confiable que permite evaluar con precisión la tonalidad de un diamante.

La escala de color comienza en la letra D, justamente para evitar confusiones con antiguas clasificaciones que utilizaban A, B y C. Desde la D hasta la Z se mide la presencia de color en el diamante. La letra D indica una piedra completamente incolora, la más pura y valiosa dentro de esta escala. A medida que avanzamos hacia la Z, se perciben leves tonalidades amarillas o marrones, y su valor comercial disminuye de manera progresiva.

Una vez superada la letra Z, ya no se considera parte de esta escala tradicional, sino que se ingresa al universo de los diamantes de color o fancy colored diamonds, gemas excepcionales por su rareza, cuyo valor aumenta justamente por la intensidad de su color.

CLARITY (Pureza):

Esta clasificación analiza las impurezas –en inglés inclusions- y las imperfecciones o manchas –blemishes- de una piedra. Cuando hablamos de impurezas, nos referimos a desperfectos internos que fueron creados en el proceso de desarrollo del diamante. Como puede llegar a ser un cristal interno con una apariencia de un punto negro. Mientras que cuando nos referimos a blemishes, hablamos de defectos en la superficie de la piedra, como pueden ser rayas o rasguños.

Su escala:

  • Flawless (FL): No posee inclusiones –internas- ni imperfecciones –externas- visibles con una lupa de 10x (lupa gemológica de 10 aumentos). Es el grado más puro de esta escala. Son casi imposibles de encontrar, por lo que su valor es sumamente elevado.

  • Internally Flawless (IF): No posee inclusiones visibles con una lupa de 10x, más si se pueden visualizar imperfecciones. Los diamantes con este grado son muy difíciles de conseguir y su precio sigue siendo elevado.

  • Very, Very Slightly Included (VVS): Se pueden observar impurezas tan ligeras que inclusive para un experto son difíciles de visualizar con una lupa 10x. Si bien estas piedras son muy puras, son más comunes de encontrar y su precio -a pesar de ser alto- es más accesible. Esta categoría se divide en VVS1 y VVS2, siendo la primera más pura que la segunda.

  • Very Slightly Included (VS): Con detenimiento se pueden llegar a observar inclusiones usando una lupa de 10x. Suelen ser muy utilizadas en las joyerías debido a su relación precio-calidad. Esta categoría se comprende por: VS1 y VS2.

  • Slighty Included (SI): Las imperfecciones son notables con una lupa de 10x. Son muy comerciales debido a su valor, sobre todo cuando son diamantes con tamaños inferiores a 0.20 ct.

  • Included (I): Las inclusiones son fáciles de observar con una lupa de 10x y en ocasiones se pueden llegar a ver a simple vista. Pueden llegar a afectar su brillo, transparencia y durabilidad. Son piedras que difícilmente serán engarzadas en piezas de Alta Joyería y no son diamantes de deseo para los consumidores.

CARAT (Medida de Peso):

El peso de los diamantes se mide en carat, abreviado como ct. Un carat se divide en 100 puntos, por lo que un diamante de 0.50 ct equivale a 50 puntos. Esta última forma de medir es muy común cuando hablamos de diamantes menores a 1 ct, mientras que para piedras que superan ese peso se utiliza la denominación ct.

Para tener una referencia más cotidiana, 1 carat equivale a 200 miligramos.

Mientras mayor tamaño posea un diamante –comparado con piedras del mismo grado en: cut, color y clarity-, mayor será su valor. Esto se debe a que las piedras grandes son menos frecuentes en la naturaleza y, por lo tanto, más deseadas. Además, existen ciertos pesos considerados “de deseo” por los consumidores, como los 0.50 ct ó 1 ct, que al ser números redondos y muy buscados, elevan su valor en el mercado.

En conclusión, las 4C’s —corte, color, pureza y carats— son las que determinan la belleza, el valor y el carácter de cada diamante. Por eso, al elegir una piedra, es importante decidir qué aspecto se desea priorizar.

Para quienes buscan diamantes menores a 0.30 ct, recomendamos dar prioridad al tamaño o al color antes que a la pureza, ya que en esas dimensiones las inclusiones suelen ser casi imperceptibles.